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Amores y demonios

Contrastes en el sinsentido de la razón propia
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Cuaderno epistolar

Epístolas al Joven Da Vinci

Cartas sin respuesta

 

Resulta imposible ignorar el ánimo que embriaga a la tierra durante los últimos días, desde que la luz del eterno cielo azul se opacó ante el ímpetu de aquellas pequeñas —pero rabiosas gotitas de lluvia que caen sobre ella una tras otra y tras otra en el intenso afán por dejar huellas más que evidentes.

Camino, y las siento caer sobre mis ahora larguísimos cabellos castaños, rozar la piel de mi rostro y, posarse sobre mis labios  humedeciendolos hasta conseguir impregnar sobre ellos ese gustito agrio y salado tan único y tan propio del verano serrano.

Caen tan apresuradamente que no me permiten distinguir casi nada a la distancia, pues aunque pequeñas, las gotas de lluvia consiguen con agresividad subyugarnos a su parecer y conveniencia, como si tuvieran decisión, vida y voluntad propia.

Es increíble que siendo tan diminutas y tan frágiles pongan a todos en apuros; que consigan obligar a la gente a caminar como corriendo, con la mirada sobre el piso, desesperados por guarecerse de ellas. Y es más asombroso aún, que una gotita de aquellas, multiplicada por cientos de miles, consiga apoderarse de la voluntad misma.

Entonces, —me pregunto — ¿Qué es la voluntad? ¿Somos dueños de ella? ¿La hemos tenido o poseído alguna vez? Francamente ahora lo dudo mucho. Prefiero mojarme entonces y de dejar a un lado el apuro, al fin y al cabo, siento que estas mismas gotas de lluvia hoy servirían para aliviar un poco mi espíritu harto de cicatrizar.

Además, al tiempo en que cae la lluvia y va mojando todo; las calles se despejan por fin, la ciudad deja de ser el pandemonio horrible que es cada día y se parece más a aquella que vive en el recuerdo de aquellos quienes la dejamos gris y llorosa una tarde fría de Febrero, hace ya tanto.

Llueve; y llueve copiosa e intensamente, y es precisamente en este instante cuando la esencia misma de esta tierra y su espíritu batallador y guerrero, se hace sentir en el ambiente. Un antiguo olor a tierra mojada que penetra todos mis sentidos es el mismo que convenientemente me trae a la memoria aquellos días vividos allá en la querida Cajamarca…la extraño tanto!

Sí, aquel cielo gris en verano, aquellas callejuelas empedradas por donde el agua corre llevándose consigo el rastro de cientos de humores e historias ¡Aquel aroma a tierra, a verdor, a vida!…a vida vivida al son de un viejo carnavalito con sabor a chicha… a esa vida que tuve un día junto a Ud. …ay! cómo duele saber que mucho de mi se quedó allí; y hoy quisiera más que nunca, cerrar los ojos y al volver a abrirlos hallarme allí, envuelta entre sus brazos, bajo las gotas de aquellas lluvias profusas e intensas y disfrutarlas tanto como ayer.

Se da cuenta mi joven Da Vinci? Acaso impera mi voluntad ahora? Y es que alguna vez fue por mi voluntad todo lo que hice durante estos años que no le vi? O fue que el destino juguetón y travieso me llevo por los caminos que él quiso y prefirió para mi? Fui entonces un arlequín entre las manos de este mismo destino huidizo y cruel?

Ohhhhh amigo, mi amor y mi amigo; no lo sé, nunca lo sabré y quizá tal vez sea más conveniente no saberlo, pues quien sabe si sabiendo termine por no saber o no querer saber nada más.

Por eso es mejor confiar en los sentidos, aunque muchas veces nos fallen. Confiar en las corazonadas, aunque siempre terminen siendo una espada que atraviese el alma de lado a lado…a veces, y siempre a veces, es mejor; cerrar los ojos y no decir nada, solo entregarse y… vivir.. o continuar viviendo...

Pd: (…) hace días que vivo clavada en su única respuesta; leyendo y releyendo cada palabra, degustando cada línea; imaginándole cuando las escribía, sin dejar de pensarle y esperando…siempre esperando una palabra más, una respuesta más… es en vano lo sé y lo siento; sospecho que es más sensato dejarme hablando sola; quizá sea esa la voluntad del destino…

Quiero decirle que sin importar cual sea la voluntad de este destino que me tiene ahora aquí —y que mañana sé me llevará por otros caminos— y, aunque deba sacarle la vuelta a la razón; lo único que hago con voluntad y consciente es pensarlo todo el tiempo y recordarlo con la fuerza de un huracán, y que aunque ya otro sea su destino, sólo estoy aquí escribiéndole porque sé que un día este mismo destino por voluntad o en su contra, volverá a dejarme verlo aunque sea solo por un minuto, y sé que ese minuto habrá valido la pena, la voluntad y todas mis noches pensando en usted.

C… 

 

 

 

Cuando uno se halla...

 

Más allá del bien y del mal

En los confines de la realidad

Amaneció. Volvió a salir el sol y en los albores de un nuevo día la vida tiene otra esencia. Un aroma a tierra mojada que  envuelve mis sentidos y los libera, así como liberada se siente el alma cada vez que uno deja brotar desde lo más íntimo sentimientos con sabor a sal, o como cuando la tierra libera espíritus secos y cansados luego de una noche lluviosa.

Ver cómo la tierra con docilidad se deja penetrar por finas pero agresivas y copiosas gotas de lluvia; cómo las piedras dejan lavar sus grietas, cómo el agua transcurre rápidamente llevándose consigo más de un ayer, son fenómenos que me hacen comprender la sencillez con que transcurre  la vida misma.
La vida y la lluvia, la lluvia y el amanecer…los cambios tan constantes, cíclicos, repentinos, otros abruptos, otros casi imperceptibles. El fluir de la existencia y esa inacabable fuerza que lo renueva todo a cada instante, como si cada día Dios volviera a invocar que se haga la luz y el misterio del génesis de la tierra y la humanidad comenzara una vez más.
Ahora, después de tanto, puedo observar con claridad la rapidez con la que se suceden los minutos que luego se transforman en horas menguantes pronto  convertidas en semanas, meses…años y que, luego, sin darnos cuenta, nos restriega en la cara los errores cometidos transformados en lecciones y; nos retorna a la memoria aquellas nostalgias, aquellos viejos anhelos, los juegos del ayer; una niñez inocente y feliz; la ingenua juventud que se va alejando pero que nos hace conscientes de una naciente madurez; todos episodios naturales que me hacen caer en la cuenta de lo infinitamente insignificante que termina siendo el ciclo de una vida humana en el universo tan cambiante, tan eterno y tan, pero tan ajeno.
Luego de tantas vueltas, de incontables idas y venidas, de darme de golpes contra la pared; luego de haber dicho tantas verdades y mentiras, o mentiras medio verdades o de haber descubierto la verdad de entre las mentiras; es decir, después de haber probado de esta ambrosía tan dulce y a la vez tan amarga que resulta ser la vida, puedo decir convencida que me gusta mucho estar viva, y que me gusta hoy mucho más que antes, porque conscientemente y sin temores me hallo sentada frente a todos mis “yos”  y puedo brindar junto a mis demonios más allá del bien y del mal; satisfecha.
Declaro sin reproches que he vivido bien y soy feliz pese a mis cientos de desaciertos; que con cinismo me aproveché de la vida pese a que se encargó de mostrarme varios de sus rostros y sus miradas lacerantes.
Reconozco que insistí continuar viviendo al margen, pese a que esta terca existencia se encargó de hacerme sentir sus manos frías y cada una de sus caricias o bofetadas; y que me reí a carcajadas en su cara mirándola a los ojos.
Confieso que le saqué la vuelta a la conciencia sin remordimiento alguno, porque sólo así conseguí continuar siendo una niña presa en el cuerpo de una adulta y que así y sólo así conseguí dejarme llevar de la mano por los sentimientos más sinceros y apasionados hasta los más inocentes y profundos.
No caben ya más dudas de que preferí arriesgarme a sentir y dejé brotar de mi ser toda humanidad y, decididamente permití obsequiar mis sentimientos;  incluso aquellos que uno termina guardando siempre para después, en busca de sabe Dios quién, quizá para la persona indicada, la correcta, la adecuada o simplemente por miedo a no equivocarse, intentando huir del dolor cuando en realidad a todos creo, nos place, en medida alguna el sufrimiento.
Es parte creo de nuestra naturaleza tan humana e imperfecta; llena de prejuicios, incongruencias y pasiones. Parte de estar vivo y amalgamar un universo en el que a veces nos dejamos eclipsar sólo por un reflejo, por un pequeño destello que nos ciega en la inmensa oscuridad.
Es, esa lucha continua de fuerzas opuestas: Thanatos y Eros, en constante ebullición y movimiento. Somos pues agua, fuego, tierra y aire; todas fuerzas contrarias, pero absolutamente complementarias y dependientes entre sí.
¡Que me juzguen entonces! ¡Que se ahoguen en prejuicios! ¡Que se conviertan en inquisidores de un espíritu libre que se atrevió a vivir! Moriré tarareando mis notas favoritas, sonriendo y recordando lo que antes diría Ubiergo, pero que ahora canto yo; “quienes juzgan, no han sentido el amor, el dolor…y en el vientre unos latidos…” ¡No quepa la menor duda!
 
Claudia.

 Pie de Página:  (...) es este quizá un canto salido desde mi ser más íntimo, de aquel "Yo" que só tú conociste; de aquel "Yo"; que yo misma extraño tanto....por favor escúchame...ayúdame a liberarme, te lo ruego! (Publicado hace unos meses)

Sin razón

Epitafio a la locura

 

¡He perdido la razón!

Te lo repites una y otra vez,

una y otra vez.

Una,

y otra,

y otra vez…

Tantas veces,

hasta cuando la frase

se pierde en el sinsentido de la razón propia.

Has perdido la razón.

Sí. La has perdido,

completa, totalmente,

de eso no queda ya,

la menor duda.

Pero, has perdido también,

el sentido de ubicación,

el aliento, el pudor y la fe.

Pétalo a pétalo

deshojaste

tu espíritu.

Ya no tienes nada,

estás seca.

Vacía y, deambulas

con el alma rota,

entre los pasillos de la locura.

 

                                                            C.M.Mostajo D.

 

 

 

 

He buscado perderme

He buscado perderme

—me repito—

casi siempre,

entre lugares ocultos y vacíos,

algunos oscuros, otros sombríos.

¿La razón?

Quizá,

precisamente sea

que en éstos lugares

es en donde siento menos frío.

Estos son,

sin duda,

 lugares desde los cuales se siente menos

la crueldad de la gente.

Desde aquí observo,

desde aquí miro.

Sin explicarme nada.

No es necesario.

Yo ya no existo.

Hace mucho que ya no existo.

Al final de cuentas

—pienso—

¿qué representa mi existencia en medio del desierto?

¿En el patio del vacío?

Ligera corriente de aire,

imperceptible cambio de humores.

Sube y baja de temperaturas,

balanza de pasiones.

La existencia.

¿Qué más?

Carrera de tiempo y arrugas,

distancia de ayeres y presentes.

Anhelo de hacer el amor con el futuro.

Si la existencia

es la suma de vivencias

y la resta continua

de olvidos retaceados a los años, 

recuerdos impregnados,

tatuados,

en el omóplato del tiempo,

entonces,

verdaderamente,

la existencia es

sangre,

sudor,

cicatrices

y buenas excusas.

Polvo.

                                                          C. M. Mostajo D.

 

Claudia Maribel

Occupation
Location
Interests
Claudia y todos sus “yos” —luego de intensas batallas — ha conseguido lidiar con todos sus demonios pese al poco espacio,que habitar en un solo cuerpo ofrece. La periodista, la mujer y la madre son ahora una fusión extraña; una conjunción de seres y pareceres, pasiones y sentimientos que al final dan como resultado la esencia de Claudia Maribel. Aún sobreviven su rebeldía y espíritu libre, el romanticismo y buen humor que alberga un alma que no tiene deudas ni temores. Disfrutan todas ellas de las rosas amarillas y las margaritas...y es que no hay maravilla tan dulcemente natural como ellas para describir el aroma y color de esta mujer que todavía persiste en las colecciones de muñecas, velas, inciensos, cuarzos y piedrecitas que desde hace tanto guarda sin querer queriendo sabe sólo Dios para qué...
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Clau.

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